jueves, 1 de octubre de 2015

La toponimia: un recurso ingente y contundente.

"Investigadora: persona que ve indicios donde nadie ve nada"

Creo que compartiréis mi sorpresa si escucháis que todo eso de que Zaragoza debe su nombre al emperador Caesar Augusta es una patraña. Otra más que nos han colado y que en realidad este topónimo nada tiene que ver con caprichos de conquistadores de hace "sólo" 2000 años.


Resultado de imagen de cesar augusto


Y es que como dice Jabier Goitia "la historia de los nombres tiene poco de épica y de gestas y mucho de pastores y cazadores", lo que es decir tanto como que hay que revisar y superar la idea de que los lugares reciban nombres referidos a ninguna otra cosa que no tenga que ver con la realidad física de los mismos.

En las pasadas "Jornadas de lengua y escritura ibérica" que se celebraron a finales de agosto en Zaragoza, bajo el título "La Toponimia: Un recurso ingente y contundente", Jabier expuso brevemente el trabajo de casi toda su vida; 45 años lleva buscando, recopilando, analizando, ordenando, comparando, descifrando, aprendiendo y explicando. Con rebeldía, sin acoplarse a vivir de lo ya sabido por repetido, este incansable investigador ha llegado a la conclusión de que "la mayor parte de Eurasia, Macaronesia y el Norte de África tiene una toponimia que muestra una civilización con capacidad y valores que nada tienen que ver con la Europa de los imperios, vamos, de la agricultura".

Estimula su ejemplo, indagando fuera del "saber oficial", al haber rechazado todo lo que estudió y asomarse por su propio pie a esta materia y querer compartirlo y animar a otros a que hagan lo mismo. Es gratificante la confianza en sí mismo como autodidacta, no academicista ni erudito.

Explica que sólo se ha dado importancia y se han hecho estudios sobre topónimos singulares, que aparecen en monedas, inscripciones o en crónicas, y que no recogen los lugares comunes que son millones, y que son los que le han permitido encontrar las raíces, dar significado trascendente a los sonidos y descubrir la coherencia entre los nombres de los lugares antiguos. Los ha recogido por el momento en un libro: "El ADN del Euskera (en 1500 partículas)".

Partículas que provienen del paleolítico, esto son unos 400.000 años, que aunque han sufrido modificaciones y alteraciones a lo largo del tiempo, poseen coherencia y homogeneidad y que logran "explicar topónimos desde Las Azores hasta Kamthacka".

Voces que descubren un profundo conocimiento de leyes naturales, fenómenos, propiedades de los elementos, características de animales y plantas, y que eran la base de la comprensión del mundo, aplicada para la fácil asimilación y para que fuera estable. Recorren todo el territorio e implica un conocimiento profundo.

Así que ni santos, ni reyes, ni mitos, ... solo factores físicos, todos los lugares con el mismo sonido en su topónimo tienen las mismas características naturales. Por ejemplo los topónimos que empiezan por "Lar" (o Ar en Galicia y Cataluña), son pastizales (zonas planas y herbáceas), al abundar nos indica la importancia de la ganadería nómada, y la necesidad de tenerlos ubicados para encontrar alimento para los animales. El sonido del nombre les proporcionaba información para identificar de qué tipo de lugar se trataba.

Esto significa que poseían mapas mentales, modelos del mundo, y que eran compartidos por todas las personas de todos los grupos. 

Desde la Ilustración, tanto la teoría lingüistica como otras, se dedican decididamente a borrar el pasado y construir algo que se adapte a la nueva mentalidad. Que los habitantes prehistóricos poseyeran tan amplio, reflexivo y trascendente conocimiento es algo que no puede ser tolerado por la teoría del progreso, la imperante, en la que solo es el ser humano contemporáneo el que tiene formación, cultura, saber, ciencia y técnica...

Estamos adoctrinados en la idea de que los antiguos eran inferiores a nosotros, rasgo común a las mentalidades con ninguna seguridad en ellas mismas y con complejo de inferioridad que oculta la verdadera forma de estar en el mundo actual: como de prestado, sin amor ni vínculo ni espiritualidad.

Tenemos que pensar en la mediocridad de esos antepasados tan lejanos de nosotros, en el tiempo y en habilidades, para no reconocer nuestra cada vez menor capacidad de abstracción y de razonamiento, y cada vez mayor disociación e ignorancia.

La arqueología de lenguas poco alteradas, como puede ser el euskera arcaico (no el actual, volveré con este tema) nos ayudan a revisar las teorías simplistas que configuran el saber oficial desde finales del siglo XVII sobre economía, forma de vidas, desarrollo de las artes y de los oficios. Es una invitación a revisar la prehistoria y la historia, que Jabier lleva tantos años haciendo.

No es tarea fácil. La desconexión actual que hace que, por ejemplo, los cursos fluviales no estén regulados por la naturaleza sino por las "confederaciones hidrográficas", es decir por los poderes y las instituciones del estado y no por los habitantes, las personas interesadas una vez que llegaran a consensos, o bien por la naturaleza sin más, ha difuminado a menudo los fenómenos que antes se daban y que resultaban en dar nombre a cada lugar. 

El ir a contracorriente de lo ortodoxo tampoco ayuda, y surgen las burlas y la falta de apoyo, pero para buscar conocer la verdad no hay excusas.


Como un ejemplo más elaborado y completo del trabajo que realiza Jabier Goitia, está el caso de Pamplona

Aquí tenéis la charla completa, espero que os inspire y estimule tanto como lo hizo conmigo: "La toponimia: un recurso ingente y contundente. "

Muchas gracias a Jabier, ejemplo de valor, esfuerzo, amor propio y por el otro.



(enlace externo al audio)


Y para no dejaros con la duda... los sonidos de las partículas del topónimo Zaragoza significan los grandes arenales estables, esto es que el nombre tiene que ver con la arena gruesa que el Ebro y los otros ríos deposita... Es un nombre que se repite por otras muchas diferentes zonas geográficas, todas con esa misma característica física.



No hay comentarios:

Publicar un comentario